martes, 16 de mayo de 2017

Entonces el maestro entró en el aula...

Yo me quedo sin el aula, mejor dicho, cuando el aula era cualquier espacio donde se iniciaba la mejor conversación siempre enriquecedora  entre el alumno y el preceptor, y que éste último, con habilidad e inteligencia tejía alrededor de una idea que iba tomando forma y aplicaba al alumno a participar de ella ganándole terreno a la ignorancia mientras se afianzaba querer saber más y más.

Se hablaba de un de un tema y de otro  sin horarios, sin programas, sin exámenes; solamente hablando y escuchando, preguntando y recibiendo respuestas, analizando y reflexionando, llegando a conclusiones llevadas de la mano de la lógica.

De estas charlas o conversaciones ningún tema se excluía todos surgían en el momento en que eran necesarios y entonces se abordaban fácilmente y de la misma manera se retenían.

Entonces, con esa ausencia del aula, paseando y conversando el alumno adquiría mejor preparación, porque recibía una cultura general, que hoy con grandes espacios dedicados a la enseñanza, con estupendas aulas donde se aplican programas bien estructurados, en el decir de algunos, y exámenes hechos a la medida...los alumnos  no tienen la preparación deseada.

Desde aquí un reconocimiento a todos los maestros rurales, a los que imparten clase en la sierra,  que no tienen aula, que la improvisan, pero que como el preceptor al que hago referencia al principio, este maestro, tiene la habilidad y la inteligencia y no necesita nada más.

A ellos, MAESTROS con mayúscula, mi felicitación.

María José, publicando  en la lengua de Cervantes